Luz es argentina, tiene 23 años, es estudiante cuasi mediocre de Comunicación Social. Su empleo le disgusta, pero igual sigue en el. Busca en el fondo del cajón la última pastilla para dormir que le recetó Elvirita..
“¿Quiero o no quiero dormir?”, se pregunta, mientras mueve entre sus dedos la pequeña capsula adormecedora. “Sí quiero”.
Estoy sentada en el consultorio, es de noche, hace calor, y como es de costumbre, la muy tacaña no prendió el aire. De seguro pondrá la excusa de que está mal de la garganta y que por eso no lo prende.
De pronto la flaca, alta y arrugada figura de Elvirita sale del baño. Está bronceada, es agosto pero igual ella está bronceada, siempre lo está. Su cara y esa habitación me recuerdan a mi infancia, en ese lugar lloré más de una vez. Ella está igual, el lugar está igual, no ha cambiado nada. El olor a cera, el piso brilloso, los adornos africanos, la foto de Paris, la taza con rimel y el sillón verde. Todo está igual.
- Luz! Qué lindo volver a verte. ¿Querés tomar algo?
- Bueno. ¿Puede ser un café? Con edulcorante por favor.
- ¿Qué? ¿Con edulcorante? ¿Por qué? ¿Estás a dieta? ¿Te ves gorda? ¿Te sentís insegura de tu cuerpo? ¿Qué te pasa?
- No!, no. Es sólo que en el invierno comí un poco de más, y subí un par de kilos, que ahora quiero perder. Pero no me siento mal. Es solo eso.
- Luz. Te recuerdo que la anorexia es una enfermedad muy tratable.
- ¿Qué? Solo te pedí un poco de edulcorante, nada más. ¿Eso me hace ser anoréxica?
- Bueno, tranquila. Yo no estoy aquí para juzgar tu problema.
- Sí tengo un problema, pero no es ese.
- ¿Y qué te trae por aquí?
- Mmm, No estoy segura… ¿Te puedo preguntar algo?
- Si, claro.
- ¿Cuánto tiempo tengo que venir, hasta estar curada?
- Eso depende.
- ¿De qué depende?
- De qué es lo que vos querés saber de vos misma, y de qué creés vos que estás enferma. ¿Creés que estás enferma?
- No se, por eso estoy aquí.
- ¿Te preocupa algo?
- Me preocupa estar soñando con vos.
Abre sus ojos, y piensa “la muy tacaña nunca pidió el café”